¿Quién dijo que no tenía suficientes alternativas para quemar calorías y mantenerse en forma? “Mente sana en cuerpo sano” reza el machacado dicho e, incluso para los menos amigos de los deportes más tradicionales, no existen excusas para no realizar un poco de actividad física, dentro de la cotidianeidad de nuestra vida citadina. He aquí algunos ideas para ello:
1) Tome a mitad de cuadra una combi que esté haciendo carrera con otra; casi nunca se detendrá completamente, así que tendrá que subirse “al vuelo”. Verá que se trata de una actividad sumamente divertida y económica que, sin embargo, implica un nivel de riesgo de la integridad física y de producción de adrenalina comparables a cualquier deporte de aventura. Para añadir un poco de ají al asunto, no olvide tratar de pagar al cobrador aunque sea diez céntimos menos que lo acostumbrado. Finalmente, pida bajar en un paradero no establecido. Si bien un brinco será necesario, pues en esta ocasión el vehículo también se encontrará desplazándose a varios kilómetros por hora, no pase por alto el eventual consejo de algún preocupado cobrador: aterrice con el pie derecho. Calorías quemadas: cincuenta (50), de las cuales veinticinco corresponden a la subida y el resto a la bajada.
2) Trate de reclamar cuaquier injusticia cometida contra usted e intente resolverla en un solo día. Entre todas (seguramente podrá armar un buen menú), escoja aquella que implique recurrir al Poder Judicial. Tendrá, gracias a los peloteos entre los diferentes pisos y oficinas, mucha caminata asegurada y, además, deberá pensar tanto como en el ajedrez para deshacerse de la amenaza de varios alfiles coimeros y otros tantos caballos burocráticos (aunque si invierte un “pocotón” de dinero, digamos tanto como para comprarse una docena de buenas raquetas de tenis, seguramente podrá convertir el ajedrez en un más rápido y sencillo juego de damas). Calorías quemadas: aproximadamente mil quinientas (1500).
3) Vaya a Tacora. Empiece el “shopping” a paso moderado y vaya haciendo un ágil reconocimiento. Una vez que haya encontrado lo que buscaba, pague y agradezca al refinado y servicial comerciante por haberle vendido un objeto idéntico (incluido el número de serie) al que perdió. En seguida, escape lo más rápido que pueda de los pirañitas: no vaya a ser que le roben su inversión. Calorías quemadas: doscientas (200). Eso sí: espere consumir otras seiscientas sesenta y seis mil (666 000) más en el infierno si el objeto comprado no fue el que alguna vez le perteneció.
¿Quién dijo que no tenía suficientes alternativas para quemar calorías y mantenerse en forma?